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JUAN ZURITA - FUNDACIÓN CAI 2023
TRANSITORIEDAD INDULTADA
Los algoritmos parece que pretendían, en sus inicios, liberar al hombre de tareas repetitivas y monótonas. Pero la inteligencia artificial ha pasado a jugar en el terreno de lo singular, e incluso de lo espontáneo. Es, por ello, significativo que, en este tiempo de algoritmos indisciplinados, algunos artistas se autoimpongan disciplinas de cualidad monótona o sistemática, recuperando para la manualidad humana prácticas que ya están empezando a desdeñar las máquinas. Una inteligente reivindicación de la pintura puede pasar, hoy, por plantear una mecánica estricta, por programarse a sí mismo, resolviendo a mano, con el máximo cuidado y la más exquisita inexactitud los que los ordenadores hacen sin errores. Un abstracto reiterativo como el chino Ding Yi, que llena sus cuadros de equis y de cruces, declaraba hallar en estas prácticas una forma de liberación.
Juan Zurita siempre ha sido un pintor metódico. Desde hace unos años, sus obras incorporan una trama de cuatro colores, siempre los mismos, siempre en la misma disposición, cubriendo toda la superficie. Rojo y azul se suceden en una columna, en la otra, amarillo y verde, y así sucesivamente. Si leemos en horizontal, son amarillo y azul en una fila, verde y rojo en la siguiente. Este es el elemento constante o monótono de la trama. Podemos leerlo como un tejido, un diseño perfectamente ortogonal. las elabora el pintor utilizando cintas de enmascarar y mucho tiempo. El elemento variable será el color que ocupa el resto del cuadro, en realidad las dos terceras partes de su superficie. En la lógica de la ejecución de estas obras, es ésa la primera capa, cuya realidad nunca se nos ofrecerá desnuda sino intervenida por la trama. En esos fondos hay masas amplias de colores más o menos saturados. Su disposición tiende también a la ortogonalidad, aunque esa norma sea transgredida por comportamientos nebulosos. Son formas que evocan imágenes urbanas, las anodinas tomas de esas cámaras que vigilan el tráfico. Esas geometrías son artificiales, arquitectónicas. En su momento Juan Zurita se dio a conocer por memorables pinturas de ciudades en la noche, de los juegos de la luz y las gentes por las calles. Sus abstracciones derivan de ese mundo.
Los dos reinos descritos, fondo y trama, regidos por principios tan distintos, interactúan, produciendo efectos ópticos que cobran interés especial si le dejamos a la mirada demorarse. El color vibra en ciertos lugares, la trama avanza, o retrocede en función de afinidad o complementariedad. El resultado es paradójico, puesto que la trama (como una celosía) impone una censura sobre el fondo, aunque, a la par, le confiera singularidad y misterio, imponiendo una cierta erótica fría.
Sobre esta dualidad fondo/trama se desarrollan, además, los signos. Y aquí, de nuevo, la factura manual emula modos digitales. Y de nuevo se acumulan las capas de los simulacros. El rastro del ratón sobre la pantalla emula al del lápiz o el pincel. No en vano, son éstos, lápiz, pincel, spray, etc., los iconos que proponen los programas de edición. Juan Zurita emula así, pictóricamente, la previa emulación digital. Una práctica que, en realidad, forma parte del ADN de la pintura moderna casi desde Picasso y sus collages, y, desde luego, desde Roy Lichtenstein, que pintó tanto las tramas de la imprenta como las propias pinceladas de la abstracción expresionista, ya convertidas en signo gráfico.
Alejandro J. Ratia